La basílica de San Bernardino se encuentra entre las obras arquitectónicas más importantes realizadas en la ciudad de L’Aquila durante la segunda mitad del siglo XV.
El complejo monumental fue construido por voluntad de San Juan de Capestrano, discípulo y amigo del fraile Bernardino de Siena, con el objetivo de ofrecer un lugar digno para albergar las reliquias del santo sienés mediante una capilla especial dentro de la majestuosa basílica. Los restos fueron trasladados allí en 1472.
La fachada, construida en el siglo siguiente por Cola dell’Amatrice con influencias del arte de Miguel Ángel, se considera la máxima expresión de la arquitectura renacentista en los Abruzos.
El interior, de estilo barroco, se debe a la reconstrucción del edificio tras el terremoto de 1703, realizada por varios arquitectos.





